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Un árbol muy arraigado en la cultura mediterránea
El olivo constituye una de los cultivos tradicionales más antiguos de la Europa templada y cálida. Resulta muy difícil precisar el sitio exacto donde se cultivó por vez primera, y , aunque las investigaciones parecen sugerir que sus orígenes habría que buscarlos 4000 años AC en la antigua Mesopotamia, que coincide políticamente, más o menos, con las actuales naciones de Irán y Siria, lo cierto es que existen referencias históricas de su cultivo en la mayoría de culturas del Próximo Oriente y Mediterráneo Oriental.
Aparece con frecuencia en los monumentos egipcios, como la tumba de Tutankhamon donde se encontraron figuras de coronas hechas con sus ramas. Recordemos, dentro de la cultura judía, el episodio de la crucifixión que fue llevado a cabo en un campo de olivos o la importancia de su aceite dentro de la liturgia religiosa. Los griegos, que junto a los fenicios fueron responsables de la expansión de este cultivo en la Península Ibérica, le dieron una importancia capital, considerándolo un árbol sagrado y mágico. La ciudad de Atenas estaba completamente decorada con jardines donde el olivo era la planta principal y nadie podía cortarlo o herirlos sin sufrir la pena del destierro. Recordemos como premiaban a los vencederos en las Olimpiadas con una corona realizada con sus hojas. Esta misma veneración fue continuada por los Romanos y por los pueblos sucesores que convirtieron esta planta ,no solo en un símbolo de paz y fertilidad, sino en un cultivo fundamental del pueblo mediterráneo.
Realizado por: Manuela Espí 1º Bach-B
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