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El olivo en la mitología y la cultura griega.

Todo lo que tiene que ver con el olivo, sus frutos y el aceite que se extrae de ellos, están vinculados de diversas formas a la cultura griega. El mismo origen de Atenas está relacionado con esta planta, ya que la diosa Atenea, según la leyenda, hizo brotar un olivo en la naciente ciudad con la punta de su lanza.

Como Atenea y Poseidón estaban en lucha por la supremacía en la protección de la ciudad, el Dios Zeus intervino y prometió conceder el dominio de ese territorio a quien pudiera aportar el regalo más útil para la Humanidad.

Poseidón llevó un caballo, animal noble, resistente y útil al hombre para numerosos quehaceres. Atenea se apareció con una pequeña rama entre las manos, con hojas color verde plateado. Explicó las extraordinarias cualidades del olivo, una planta capaz de vivir muchos años, con un fruto sabroso y nutritivo del que además se podía extraer un líquido sin igual para darle sabor a las comidas (el aceite de oliva), aliviar las heridas y hasta servir como combustible para alumbrar la noche. Atenea venció en forma aplastante ante la magnificencia de la planta que había ofrecido al rey de todos los Dioses.

El olivo está también en varios pasajes de la Ilíada y la Odisea, donde Ulises le da diversos usos. Son numerosos los capítulos de la mitología griega donde esta planta tiene un papel preponderante. Pero también está ligado a la vida cotidiana de los griegos, quienes, por ejemplo en ocasión de los Juegos Olímpicos, coronaban a los vencedores con ramas entrelazadas de olivo.

En la actualidad es prácticamente el único aceite utilizado en las comidas en todo el territorio, ya sea en el continente o en la Península.
Nuestra “dieta mediterránea”, típica de Grecia y basada esencialmente en pescados y abundante cantidad de vegetales aderezados con aceite de oliva.
Por: Inmaculada Coleto Cazalla 1º Bachillerato A

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EL OlIvOoOo La MiToLOGÍA Y LA LEYENDA.

El origen del olivo se pierde en la antigüedad de los tiempos. Siempre presente en las civilizaciones de la Cuenca Mediterránea, ha sido un árbol que ha estado y está firmemente aferrado a las culturas occidentales. Es un árbol con un valor simbólico muy importante. Sus raíces se sujetan fuertemente a la tierra y se dirigen hacia el averno, el tronco se eleva en el mundo de los hombres, y la copa va dirigida hacia los cielos, hacia metas y territorios inalcanzables. El olivo nos ofrece vida, alimento, protección; todos los años se renueva, es símbolo de longevidad, de fertilidad y de madurez.
En todo el mediterráneo el olivo se confunde con el origen de los pueblos que lo habitamos, y que llegaron a convertirlo en un árbol sagrado.

Rómulo y Remo, descendientes de los Dioses y fundadores de la gran ciudad de Roma, vieron la luz por primera vez paridos por una loba y bajo las ramas de un olivo. También nos cuentan que Hércules fue el impulsor del cultivo del olivar, ya que cada vez que golpeaba con su maza de madera de olivo el suelo, ésta echaba raíces y brotaba un árbol. En el libro más antiguo de cocina que existe, que data de hace dos mil años, se habla continuamente del aceite de España. La Biblia cita aproximadamente 140 veces el aceite y casi 100 veces al árbol del olivo. Por ejemplo en el Génesis, cuando la paloma vuelve al arca de Noé con una ramita de olivo en su pico, o en el Deuteronomio, en el que se califica a la tierra de Aser, Palestina, como país rico en olivos y aceite, con esta preciosa frase: “Bendito más que otros hijos, Aser, sea favorito entre sus hermanos; en el aceite meterá sus pies”. El olivo fue excepcional testigo de la vida de Jesucristo, que lloró y rezó en el Huerto de los Olivos.
Atenea sin embargo, hizo brotar del suelo un olivo, árbol que era capaz de dar la llama para iluminar, de suavizar las heridas, y de ser un alimento precioso, rico en sabor y dador de energía. Consideraron que el olivo era de mayor utilidad que el caballo, por lo que le aquella ciudad pasó a llevar el nombre de la Diosa que lo creó, llamándose como ella, Atenas. Este olivo que brotó en la Acrópolis de Atenas fue rodeado por un muro y guardado por guerreros especialmente consagrados para defenderlo. Nos dicen que cuando los enemigos de Atenas se aproximaban, todos los ciudadanos se agrupaban dentro de las murallas, junto al olivo, hasta que el peligro cesaba. Incluso, tras las guerras médicas y tras el incendio de la Acrópolis y del olivo sagrado, cuando los atenienses volvieron a su ciudad y encontraron los monumentos destruidos, descubrieron que sin embargo el olivo plantado por la diosa Atenea, había echado retoños de su raíz, superando así la destrucción, y mereciendo ser el símbolo de la inmortalidad.
AZAHARA RAMOS CARRILLO.

Minerva

Minerva es la diosa de la Guerra y del Olivo. Es la hija de Júpiter, el dios de dioses, y de Metis, ninfa de una belleza notable. Júpiter, habiendo fijado en Metis, se la tragó para demostrarle su amor y después de hacerlo, tuvo un terrible dolor de cabeza. Le pidió a Vulcano, el dios del fuego y de los metales, que le golpeara con su hacha para abrirle el cráneo. Y al hacerlo, una mujer salió de su cabeza, perfectamente armada y protegida. Así nació la diosa Minerva.

Mitología: diosas romanas.
Mitología: diosas romanas.
Minerva es también la diosa del Olivo, a raíz de un pelea entre ella y Neptuno. Los dioses del Olimpo se reunieron para saber quién sería el protector de la futura ciudad de Atenas. El que consiguiera darle el regalo más útil a la ciudad, ganaría. Minerva ofreció un olivo mientras que Neptuno un caballo. El olivo fue considerado más útil porque les permitiría a a los hombres vivir. Entonces ella se convirtió en la protectora de Atenas, que llevó su nombre.


por: DANIEL DELGADO

El origen del olivo se pierde en la antigüedad de los tiempos. Siempre presente en las civilizaciones de la Cuenca Mediterránea, ha sido un árbol que ha estado y está firmemente aferrado a las culturas occidentales. Es un árbol con un valor simbólico muy importante. Sus raíces se sujetan fuertemente a la tierra y se dirigen hacia el averno, el tronco se eleva en el mundo de los hombres, y la copa va dirigida hacia los cielos, hacia metas y territorios inalcanzables. El olivo nos ofrece vida, alimento, protección; todos los años se renueva, es símbolo de longevidad, de fertilidad y de madurez.
En todo el mediterráneo el olivo se confunde con el origen de los pueblos que lo habitamos, y que llegaron a convertirlo en un árbol sagrado
Justamente de madera de olivo se hacían en la antigüedad los cetros de los reyes, y era con su aceite con el que se ungía a los reyes y sacerdotes, y aún hoy, es utilizado el aceite de oliva como santo óleo, en algunas de las más importantes ceremonias de la Iglesia Católica, como es el caso de los bautismos, la misa crismal, la unción de enfermos o la ordenación de nuevos sacerdotes. Una leyenda nos cuenta que Adán, cuando se acercaba el momento de su muerte, evocó la palabra del Señor, que le había dado el aceite de la misericordia para redención suya y de toda la Humanidad. Envió a su hijo Set a la montaña donde el paraíso terrenal había quedado bajo la protección de un querubín, para que le suplicara. Tomó entonces tres semillas del árbol del Bien y del Mal el querubín, y dijo a Set que las pusiera en la boca de su padre Adán difunto. Colocadas así, cuando Adán fue enterrado en el Monte Tabor, las tres semillas germinaron, dando raíces y tres tallos, que formaron un olivo, un cedro y un ciprés. Hace seis mil años eran los egipcios los que atribuían a la Diosa Isis, mujer de Osiris, que era el Dios supremo de su mitología, el mérito de enseñar a cultivar y utilizar este sagrado árbol.
Palas Atenea, diosa de la paz y de la sabiduría para los griegos, y que nació milagrosamente de la frente de su padre, el gran Dios Zeus, tras haberse tragado éste a Metis embarazada, es para los griegos el origen de tan preciado árbol. Cecrops fundó una pequeña colonia en Atica, en el siglo XVII a.C., que atrajo a los habitantes de la zona, hasta entonces nómadas, para que se asentaran allí. Palas Atenea disputaba a Poseidón el honor de darle nombre a esa ciudad, razón por lo que la asamblea de los dioses, acordó concedérselo a aquel de los dos adversarios que les proporcionase el invento más útil a sus habitantes. Poseidón, golpeando con su tridente el suelo, hizo salir de la tierra un magnífico caballo, hermoso, rápido y capaz de arrastrar los más pesados carros e incluso de ganar grandes combates.
Atenea sin embargo, hizo brotar del suelo un olivo, árbol que era capaz de dar la llama para iluminar, de suavizar las heridas, y de ser un alimento precioso, rico en sabor y dador de energía. Consideraron que el olivo era de mayor utilidad que el caballo, por lo que le aquella ciudad pasó a llevar el nombre de la Diosa que lo creó, llamándose como ella, Atenas. Este olivo que brotó en la Acrópolis de Atenas fue rodeado por un muro y guardado por guerreros especialmente consagrados para defenderlo. Nos dicen que cuando los enemigos de Atenas se aproximaban, todos los ciudadanos se agrupaban dentro de las murallas, junto al olivo, hasta que el peligro cesaba. Incluso, tras las guerras médicas y tras el incendio de la Acrópolis y del olivo sagrado, cuando los atenienses volvieron a su ciudad y encontraron los monumentos destruidos, descubrieron que sin embargo el olivo plantado por la diosa Atenea, había echado retoños de su raíz, superando así la destrucción, y mereciendo ser el símbolo de la inmortalidad.Rómulo y Remo, descendientes de los Dioses y fundadores de la gran ciudad de Roma, vieron la luz por primera vez paridos por una loba y bajo las ramas de un olivo. También nos cuentan que Hércules fue el impulsor del cultivo del olivar, ya que cada vez que golpeaba con su maza de madera de olivo el suelo, ésta echaba raíces y brotaba un árbol. En el libro más antiguo de cocina que existe, que data de hace dos mil años, se habla continuamente del aceite de España. La Biblia cita aproximadamente 140 veces el aceite y casi 100 veces al árbol del olivo. Por ejemplo en el Génesis, cuando la paloma vuelve al arca de Noé con una ramita de olivo en su pico, o en el Deuteronomio, en el que se califica a la tierra de Aser, Palestina, como país rico en olivos y aceite, con esta preciosa frase: “Bendito más que otros hijos, Aser, sea favorito entre sus hermanos; en el aceite meterá sus pies”. El olivo fue excepcional testigo de la vida de Jesucristo, que lloró y rezó en el Huerto de los Olivos.

por : Fernando Hermoso


mitologia del olivo
por : ignacio gracia

El origen del olivo se pierde en la antigüedad de los tiempos. Siempre presente en las civilizaciones de la Cuenca Mediterránea, ha sido un árbol que ha estado y está firmemente aferrado a las culturas occidentales. Es un árbol con un valor simbólico muy importante. Sus raíces se sujetan fuertemente a la tierra y se dirigen hacia el averno, el tronco se eleva en el mundo de los hombres, y la copa va dirigida hacia los cielos, hacia metas y territorios inalcanzables. El olivo nos ofrece vida, alimento, protección; todos los años se renueva, es símbolo de longevidad, de fertilidad y de madurez.
En todo el mediterráneo el olivo se confunde con el origen de los pueblos que lo habitamos, y que llegaron a convertirlo en un árbol sagrado
Justamente de madera de olivo se hacían en la antigüedad los cetros de los reyes, y era con su aceite con el que se ungía a los reyes y sacerdotes, y aún hoy, es utilizado el aceite de oliva como santo óleo, en algunas de las más importantes ceremonias de la Iglesia Católica, como es el caso de los bautismos, la misa crismal, la unción de enfermos o la ordenación de nuevos sacerdotes. Una leyenda nos cuenta que Adán, cuando se acercaba el momento de su muerte, evocó la palabra del Señor, que le había dado el aceite de la misericordia para redención suya y de toda la Humanidad. Envió a su hijo Set a la montaña donde el paraíso terrenal había quedado bajo la protección de un querubín, para que le suplicara. Tomó entonces tres semillas del árbol del Bien y del Mal el querubín, y dijo a Set que las pusiera en la boca de su padre Adán difunto. Colocadas así, cuando Adán fue enterrado en el Monte Tabor, las tres semillas germinaron, dando raíces y tres tallos, que formaron un olivo, un cedro y un ciprés. Hace seis mil años eran los egipcios los que atribuían a la Diosa Isis, mujer de Osiris, que era el Dios supremo de su mitología, el mérito de enseñar a cultivar y utilizar este sagrado árbol.
Palas Atenea, diosa de la paz y de la sabiduría para los griegos, y que nació milagrosamente de la frente de su padre, el gran Dios Zeus, tras haberse tragado éste a Metis embarazada, es para los griegos el origen de tan preciado árbol. Cecrops fundó una pequeña colonia en Atica, en el siglo XVII a.C., que atrajo a los habitantes de la zona, hasta entonces nómadas, para que se asentaran allí. Palas Atenea disputaba a Poseidón el honor de darle nombre a esa ciudad, razón por lo que la asamblea de los dioses, acordó concedérselo a aquel de los dos adversarios que les proporcionase el invento más útil a sus habitantes. Poseidón, golpeando con su tridente el suelo, hizo salir de la tierra un magnífico caballo, hermoso, rápido y capaz de arrastrar los más pesados carros e incluso de ganar grandes combates.
Atenea sin embargo, hizo brotar del suelo un olivo, árbol que era capaz de dar la llama para iluminar, de suavizar las heridas, y de ser un alimento precioso, rico en sabor y dador de energía. Consideraron que el olivo era de mayor utilidad que el caballo, por lo que le aquella ciudad pasó a llevar el nombre de la Diosa que lo creó, llamándose como ella, Atenas. Este olivo que brotó en la Acrópolis de Atenas fue rodeado por un muro y guardado por guerreros especialmente consagrados para defenderlo. Nos dicen que cuando los enemigos de Atenas se aproximaban, todos los ciudadanos se agrupaban dentro de las murallas, junto al olivo, hasta que el peligro cesaba. Incluso, tras las guerras médicas y tras el incendio de la Acrópolis y del olivo sagrado, cuando los atenienses volvieron a su ciudad y encontraron los monumentos destruidos, descubrieron que sin embargo el olivo plantado por la diosa Atenea, había echado retoños de su raíz, superando así la destrucción, y mereciendo ser el símbolo de la inmortalidad.Rómulo y Remo, descendientes de los Dioses y fundadores de la gran ciudad de Roma, vieron la luz por primera vez paridos por una loba y bajo las ramas de un olivo. También nos cuentan que Hércules fue el impulsor del cultivo del olivar, ya que cada vez que golpeaba con su maza de madera de olivo el suelo, ésta echaba raíces y brotaba un árbol. En el libro más antiguo de cocina que existe, que data de hace dos mil años, se habla continuamente del aceite de España. La Biblia cita aproximadamente 140 veces el aceite y casi 100 veces al árbol del olivo. Por ejemplo en el Génesis, cuando la paloma vuelve al arca de Noé con una ramita de olivo en su pico, o en el Deuteronomio, en el que se califica a la tierra de Aser, Palestina, como país rico en olivos y aceite, con esta preciosa frase: “Bendito más que otros hijos, Aser, sea favorito entre sus hermanos; en el aceite meterá sus pies”. El olivo fue excepcional testigo de la vida de Jesucristo, que lloró y rezó en el Huerto de los Olivos.

LA DISPUTA DE POSEIDON Y ATENEA

Uno de los mitos griegos sobre los olivos es la disputa entre Poseidón, Dios de las Aguas y Atenea, diosa de la sabiduría y de la guerra. La confrontación se resolvió en una pacífica contienda cuyo juez fue el rey Cécrope y su pueblo.
En la contienda, Poseidón clavó su tridente en la tierra de donde surgió un hermoso y poderoso caballo. Atenea clavó su lanza en una roca de la cual brotó un olivo. El rey Cécrope y los atenienses dieron el triunfo a Atenea, ya que el olivo producía la ansiada paz y prosperidad al pueblo.
La victoria tuvo como consecuencia la creación de una nueva ciudad Atenas. El olivo que hizo surgir Atenea fue un centenario olivo venerado y cuidado por los atenienses durante siglos dentro de la Acrópolis. Atenas fue proclomada su protectora, pero también representaba los atributos de sabiduría y justicia, los cuales permitieron el desarrollo de las artes, el cultivo y la paz; estos atributos distinguieron a esta ciudad y a sus habitantes.

Manuel Morente Luna 2ºB Bil

EL ACEITE DE OLIVA EN LA CULTURA GRIEGA

El olivo y el aceite de oliva, tienen mucho que ver con la cultura griega, ya que como podemos apreciar en la mitología griega la diosa Atenea hizo brotar un olivo en la ciudad con la punta de su lanza.


El olivo, según la mitología griega en la lucha de Atenea y Poseidón, es utilizado por Atena para proteger la ciudad de Atenas. Además, cuando Poseidón ya cantaba victoria, Atenea empezó a explicar las extraordinarias propiedades del olivo: una planta fuerte, capaz de vivir largos años y de producir frutos apetitosos y sabrosos, de los que los hombres podían extraer un líquido ideal para sazonar la comida (el aceite de oliva), dar fuerza al organismo, aliviar las heridas y también alumbrar la noche.

En la Odisea, el olivo se nombra varias veces; por ejemplo, Ulises y sus compañeros utilizan una viga de olivo para cegar al Cíclope. Muchas veces los protagonistas son untados de aceite de oliva. Puede ser que el paso más célebre es cuando Ulises hizo la cama nupcial.


Según una leyenda griega, una paloma partió de Fenicia para ofrecer una ramita de olivo al templo de Zeus en el Epiro.

El olivo también se encuentra en la vida cotidiana, ya que a los vencedores en los juegos olímpicos griegos se les coronaba con ramas trenzadas de olivo desde la séptima olimpiada.


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En la Grecia clásica hay numerosas muestras que rastrean el cultivo del olivo y el uso del aceite de oliva. La técnica del vareo ya se utilizaba, y hay muchas escenas de vareadores griegos. Para los griegos el olivo era un árbol totémico, sobre todo para los ciudadanos atenienses, puesto que el olivo está en el origen de la fundación de la "polis".

http://www.sabor-artesano.com/aceite-oliva-grecia.htm


ÁLVARO MADRID GONZÁLEZ, 2º B BILINGÜE.



ORIGEN DEL OLIVO (leyenda Palas Atenea)

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Allá por el siglo XVII antes de Cristo, un tal Cecrops fundó una pequeña colonia en el Atica. Eran los dichosos tiempos en los que los dioses se paseaban por la tierra y se relacionaban -a veces íntimamente, por supuesto- con los mortales. Había que dar nombre a esa colonia, y ponerla bajo la protección de algún dios. Tras varias "eliminatorias", quedaron frente a frente el irascible Poseidón, hermano de Zeus y señor de los mares, y la prudente Palas Atenea, diosa de la sabiduría.

La asamblea decidió que otorgaría la ciudad a aquel de los dos que diera a sus habitantes el regalo más importante y útil.
Poseidón, según la más extendida de las versiones, hizo salir de la tierra, al golpearla con su tridente, un precioso caballo, útil en la guerra y en la paz; otros señalan que lo que hizo el dios de los océanos fue golpear con su tridente una roca de la que al punto brotó agua de mar, simbolizando así que daría a sus "protegidos" el dominio de los mares. En uno u otro caso, fue superado por Palas Atenea, que hizo brotar un olivo, advirtiendo que el fruto de ese árbol serviría a los hombres como alimento, como bálsamo para sus heridas y como luz para iluminar sus noches. Ganó, aunque según dicen por escaso margen, Palas Atenea, y aquella colonia se puso bajo su protección.

Era, ya lo habrán adivinado ustedes, Atenas. El olivo que hizo brotar la diosa fue destruido por Jerjes, pero de sus raíces brotaron nuevos retoños, y aún hoy hay olivos en la Acrópolis. Y, en efecto, los atenienses, y después todos los demás, usaron el aceite como alimento, más o menos como nosotros; lo utilizaron también para ungirse el cuerpo y para aliviar sus heridas, y, naturalmente, como combustible para sus lámparas o candiles.

El aceite de oliva es una joya, un regalo de los dioses. De toda su gama de variedades, que responden al tipo de aceituna del que procede, conviene elegir el más adecuado para cada uso, para cada paladar: la oferta es amplia, y hay que aprender a conocerlos, a distinguirlos y a usarlos. Eso sí, procuren siempre consumir aceite virgen de oliva, que no es más que puro zumo de aceitunas. Pero lo fundamental es disfrutarlos y, como en el caso de los vinos, hablar de ellos.

De otra forma corremos el riesgo de que se enfaden los dioses al menos, Palas Atenea, que era bastante vengativa, porque habremos caído en el pecado del desagradecimiento... y nos hagan recibir antes de tiempo una aplicación del aceite de oliva que, de corazón, les deseo a todos ustedes, y a mí, claro está, lejanísima: los Santos Oleos. Para ese aceite, no hay prisas.

Más información sobre Atenea en: http://es.wikipedia.org/wiki/Atenea
Iván David Pulido Jurado 4º B


EL OLIVO EN ROMA

El olivo tal como lo conocemos pertenece al género Olea, de la familia Oleaceae. Es un árbol de copa ancha y hoja perenne que puede vivir varios siglos. Se han encontrado fósiles de hojas de olivo en depósitos del plioceno de Mongardino, Italia.
Su cultivo empieza en las épocas paleolítica y neolítica (5.000 a 3500 a.c.) en Creta. Los primeros documentos escritos son las tablillas minoicas, que constituyen el mayor testimonio arqueológico de la importancia del aceite de oliva.

Los fenicios lo conocieron contribuyendo a su cultivo y desarrollo de técnicas de extracción de aceite. Los egipcios lo utilizaron pero sin la relevancia que alcanzó en Grecia y Creta, donde era usado como: alimento, medicina, cosmético y combustible para el alumbrado.
Griegos, fenicios, romanos, judíos, cartagineses, árabes, hispanos y demás pueblos que comerciaban en las orillas del Mar Mediterráneo fueron los encargados de difundir el cultivo y aplicaciones del olivo. No se sabe si ya conocían todas sus virtudes, pero sí hay indicios de que tenían conciencia de sus beneficios.
Grecia aprovechó las virtudes del olivo, el árbol más difundido, cultivado, y protegido mediante severas leyes. Se consideraba como árbol de la fertilidad por lo que las mujeres dormían sobre sus hojas.

Según la tradición, Rómulo y Remo, descendientes de dioses y fundadores de Roma, vieron la primera luz bajo las ramas de un olivo.
Entre los romanos, el "óleum" se consideraba más como un lujo que como un producto necesario para la vida.
Los romanos distinguían o clasificaban el aceite según la recolección y estado de la oliva en los siguientes:

.- ‘Oleum ex albis ulivis’ que era el procedente de las aceitunas verdes recolectadas a mano.

.- ‘Oleum viride’ hecho de aceitunas casi maduras.

.- ‘Oleum meturum’ procedente de aceitunas maduras.

.- ‘Oleum caducum’ hecho con las aceitunas ya caídas del árbol.

.- ‘Oleum cibarium’ confeccionado con aceitunas picadas o podridas.

El cultivo en España sufrió un notable incremento, especialmente en el valle del Guadalquivir, durante los ocho siglos de civilización hispano-árabe. Los árabes introdujeron sus variedades en el sur de España e influyeron en la difusión del cultivo hasta el punto de que los vocablos castellanos de aceituna, aceite o acebuche, tienen raíz árabe. España llevó el olivo a América, con los viajes post Descubrimiento (1492).

Según la mitología griega, el olivo surge como resultado de una competencia entre Atenea, la diosa de la sabiduría, y Poseidón, el dios de los mares, en el que el ganador se convertiría en protector de una nueva ciudad de Attica. La ciudad sería llamada en honor al dios que le diera a los ciudadanos el regalo más precioso. Poseidón quebró una piedra con su tridente y, junto con el agua que salía de la roca, emergió un caballo.

Luego, Atenea hundió su lanza en la roca y el primer olivo apareció en las puertas de la Acrópolis.

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olivo y arco romano


Francisco Sánchez Herencia 4ºB

Etimología del OLivo

En castellano y en otras lenguas peninsulares se utiliza la raíz ole u oli, proveniente del mediterráneo oriental y que ha seguido el curso geográfico y lingüístico de las lenguas latinas. En el lado opuesto del mediterráneo, las culturas semíticas parten de la raíz zait o zeit, que derivó en az-zeitun en árabe y aceitunero o aceituna en castellano. Muchas de las lenguas europeas contienen la raíz latina en sus denominaciones. Así, en inglés es olive o en catalán olivera.

La palabra olivo y oliva viene del latín olea, que a su vez proviene del griego eala. Más allá de está designación se encuentra el celta olwe o eol. La misma raíz lingüística se encuentra también en el cretense elaiwa y más allá de todas en las lenguas semíticas con la raíz ulu. Parece ser que el nombre cretense irradia hacia Ática como lathi y hacia Grecia continental como elies, pasa a la península italiana como oli y se expande por los Balcanes como eli. Es fácil encontrar esta raíz en las lenguas latinas como el italiano olio, el catalán oli, el francés huile o el castellano olivo-oliva.
Por otro lado, la palabra griega de elaios significa acebuche (olivo silvestre) y al mismo tiempo designa el acto de arrojar a los malos espíritus, papel que parece ser jugaron de manera importante las ramas de olivo (según R Graves). Nuestra voz acebuche arranca de las formas semíticas y proviene casi directamente del árabe az-zambuy.
El olivo en Grecia
La mitología griega afirma también el origen lingüístico y el posible curso de su irradiación. En las excavaciones que dieron a luz el descubrimiento de la ciudad de Cnosos en la isla de Creta se hallaron tablillas correspondientes a la cultura minoica, la cual se desarrollo durante los siglos XXX y X a.C.; entre sus ruinas aparecieron signos que representan tanto al acebuche como al olivo, árbol que debió ser cultivado intensamente en esta isla por una cultura precursora de la civilización griega; así mismo, aparecen registros de inventarios de productos importados, como cereales y aceite de oliva.
La mitología griega atribuye la fundación de Atenas a Cécrope hacia el siglo XVI a.C. y a su promotora y protectora, la diosa Atenea quién, según la leyenda, hizo brotar un olivo en la ciudad con la punta de su lanza.
Algunas leyendas cuentan que tanto Atenea como Cécrope provenían de la antigua Libia, esto es del mundo de los fenicios. Algunas narraciones llegan a establecer que el primer olivo que creció en Grecia provenía de una rama de Libia que fue injertada en un acebuche. Estas versiones aclaran el curso de propagación del olivo en el mundo mediterráneo antiguo.
Ciertas leyendas griegas refieren que Heracles clavó su famosa lanza, hecha con madera de acebuche, en el templo dedicado a Zeus en el monte Olimpia, la cual rebrotó y se convirtió en un árbol sagrado venerado como tal durante siglos.
Los atenienses regularon cuidadosamente la conservación de los viejos olivos dentro de la ciudad: herir o cortar un árbol público estaba castigado con el destierro y nadie podía abatir más de dos olivos, aunque se tratara de su propio terreno.
En los jardines de la Academia fundada por Aristóteles crecían olivos. Según algunos relatos, eran los retoños de los centenarios árboles sagrados los que las tropas persas arrasaron en el siglo V a.C.; luego, por sí mismo los árboles brotaron haciendo gala de la fama inmortal que los convirtió en símbolo de fecundidad y victoria.

El olivo en Roma y en Cartago

El gran florecimiento del cultivo del olivo vino aparejado con la expansión de todas las culturas. Ya fueran los fenicios o los griegos quienes implantaron su cultivo en la Península Ibérica, lo cierto es que tanto romanos como árabes ya se encontraron las plantaciones extensamente cultivadas por los pueblos íberos. Sin embargo, la gran expansión y mejoramiento de su cultivo se debió a los romanos, quienes lo llevaron a todas sus colonias, donde podía desarrollarse. Las técnicas de cultivo y poda ya están ampliamente documentadas y recogidas magistralmente en los libros de agricultura de Catón.
Los cartagineses enseñaron a los pueblos que dominaron las mejores técnicas de cultivo; establecieron que las plantaciones de árboles debían realizarse a 22 m de distancia de plantación entre ellos, tradición que se mantiene hoy día en muchas regiones del norte de África.
El respeto que mostraban los griegos hacia el olivo fue seguido por los romanos. Los varones nobles eran condecorados con coronas construidas con sus ramas. Numa, segundo emperador de Roma, se presentaba siempre con una rama de olivo en la mano. El árbol y sus ramas eran símbolos de paz, fertilidad y prosperidad.
Los poetas empujaban al pueblo a la vida sedentaria y tranquila del agricultor, no solo por razones idílicas sino por la despoblación que sufría el campo a causa de las guerras. Con esta idea, Catón describió los conocimientos sobre los cultivos y Virgilio escribió sus Bucólicas y Geórgicas, en los que se encuentran consejos a los agricultores. Del olivo y su cultivo dice:
"Contrariamente a la vid, el olivo no exige cultivo, y nada espera de la podadera recurvada ni de las azadas tenaces, una vez que se adhiere a la tierra y soporta sin desfallecer los soplos del cielo. Por sí misma la tierra, abierta con el arado, ofrece ya suficiente humedad a las diversas plantas y da buenos frutos cuando se utiliza debidamente la reja. Cultiva, pues, ¡Oh labrador!, el olivo, que es grato a la paz". Virgilio, Geórgicas.

Cristina Naranjo Luque 4ºB

Comentario al trabajo de Cristina Naranjo de María Dolores de la Haba Rubiano:
Me ha gustado mucho que hayas indagado la etimología de la palabra aceite. Habrás observado que oliva es más romano que aceituna.

Historia del olivo en la mitología griega


El olivo, sus frutos y el aceite de oliva, están muy vinculados a la cultura griega, ya que como podemos apreciar en la mitología griega, se atribuye la fundación de Atenas a Cécrope, hacia el siglo XVI a. c. y a su promotora y protectora, la diosa Atenea quién, según la leyenda, hizo brotar un olivo en la ciudad con la punta de su lanza.
El mismo origen de Atenas es relacionado a la instalación del olivo por parte de Atenea, en lucha con Poseidón por la supremacía en la protección de la ciudad. Para calmar la contienda entre ellos, el sumo Zeus intervino, y estableció conceder el dominio de aquel territorio a quien fuera capaz de aportar el regalo más útil para la humanidad. Poseidón llevó un caballo, animal resistente, veloz y capaz de aliviar el trabajo de los hombres; Atenea, en cambio, apareció con una pequeña ramita retorcida entre las manos, de sutiles hojuelas de color verde argénteo. Poseidón ya estaba saboreando la victoria cuando Atenea empezó a explicar las extraordinarias propiedades del olivo: una planta fuerte, capaz de vivir largos años y de producir frutos apetitosos y sabrosos, de los que los hombres podían extraer un líquido ideal para sazonar la comida (el aceite de oliva), dar fuerza al organismo, aliviar las heridas y también alumbrar la noche. La victoria de la diosa fue aplastante. Zeus decretó vencedora a Atenea, al donar a los ciudadanos la planta más útil y le fue concedida la soberanía sobre toda la región.
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Ánfora griega donde se escenifica la recogida de la aceituna y se guardaba el aceite de oliva.

En la Odisea, la presencia del olivo se repite varias veces; por ejemplo, Ulises y sus compañeros utilizan una viga de olivo para cegar al Cíclope. A menudo suceden episodios en que los protagonistas son untados de aceite de oliva, como habitualmente ocurría en la época. El aceite de oliva también se utilizó en el apresto, para untar el hilo. Quizás el paso más célebre es el relativo a la cama nupcial de Ulises. Él mismo (Libro XXIII) “cortó un enorme olivo de vasta hojarasca y construyó a su alrededor una habitación”. Trabajó por lo tanto el tronco, encastrando en él adornos de oro, plata y marfil, creando un precioso y único tálamo.
Según la mitología, el arte de la agricultura les fue enseñado a los hombres por Aristeo, hijo de Apolo y de la ninfa Cirene. El cultivo del olivo fue tan importante que Aristeo también habría inventado los sistemas de extracción del aceite de oliva, entre los que se encontraría el lagar.
Hay que destacar que la presencia del olivo en la mitología es de gran importancia, directamente proporcional a la utilidad de la planta. Según una leyenda griega, una paloma partió de Fenicia para ofrecer una ramita de olivo al templo de Zeus en el Epiro.
El olivo no solo esta vinculado con la literatura y la mitología sino que también se encuentra en la vida cotidiana, ya que a los vencedores en los juegos olímpicos griegos se les coronaba con ramas trenzadas de olivo desde la séptima olimpiada.

Corona de olivo. Se ponía sobre la cabeza de los atletas vencedores desde la séptima olimpiada

En la Grecia clásica hay numerosas muestras que rastrean el cultivo del olivo y el uso del aceite de oliva. La técnica del vareo ya se utilizaba, y escenas de vareadores griegos están plasmadas en ánforas decoradas. Para los griegos el olivo era un árbol totémico, sobre todo para los ciudadanos atenienses, puesto que el olivo está en el origen de la fundación de la "polis".
Pilar Rojas 4º B


DESDE LA ÉPOCA ANTIGUA HASTA LOS GRIEGOS:
Ciertos historiadores indican que el olivo procede de Persia, otros del valle del Nilo y otros indican que es originario del valle del Jordán. Sin embargo la mayoría creen que procede de la antigua Mesopotamia, lugar desde el cual se expandió al resto de los países. Lo que si podemos afirmar es que es milenario
Su cultivo para la obtención de aceite de oliva empieza en las épocas paleolítica y neolítica (5.000 a 3500 a.c.) en Creta, aunque los primeros documentos escritos sobre el aceite lo constituyen las tablillas minoicas, que constituyen el mayor testimonio arqueológico de la importancia del aceite de oliva en la corte del rey Minos para la economía cretense 2500 años a. de J.C.
En Egipto, desde hace más de 5000 años, ya se empleaba el aceite de oliva para iluminar los templos, siendo la primera civilización que practicó la extracción del aceite por procedimientos mecánicos naturales, los mismos en los que se basa la obtención actual. En la cocina ya entonces se utilizaba para aliñar la lechuga. También era frecuente la administración de baños con aceite perfumado y la imposición a las momias, entre los años 980 y 715 a.de J.C, de coronas fabricadas con ramas de olivo, encontrándose dichos ornamentos en las tumbas faraónicas. El olivo penetró y se propagó por Europa de Este a Oeste, existiendo plantaciones datadas de fechas muy antiguas en el Ponto, Mitileno y Armenia.
A partir del siglo XVI a.C., los fenicios difunden el olivo por las islas griegas y, en los siglos XIV a XI a.C., por la Península Helénica, donde se incrementa su cultivo hasta que alcanza gran importancia en el siglo IV a.C., cuando Solón promulga decretos para regular su plantación.

Griegos, fenicios, romanos, judíos, cartagineses, árabes, hispanos y demás pueblos que comerciaban en las orillas del Mar Mediterráneo fueron los encargados de difundir el cultivo y aplicaciones del olivo. No se sabe con certeza si ya entonces conocían todas sus virtudes, pero sí hay indicios de que tenían conciencia de sus beneficios.
Grecia aprovechó las extraordinarias virtudes del olivo, el árbol más difundido, cultivado, y protegido mediante severas leyes, entre las que se disponía el castigo con el destierro y la confiscación de todos los bienes personales de aquél que osara arrancar más de dos olivos.
Según la mitología, en la disputa entre Palas Atenea y Poseidón por el patronazgo de la incipiente Atenas, Poseidón con el golpe de su tridente, hizo brotar el caballo, bello, fuerte, rápido y ágil mientras Palas Atenea de una lanza hizo brotar el olivo, "del que no solamente sus frutos serían buenos para comer sino que de ellos se obtendría un líquido extraordinario que serviría para alimento de los hombres rico en sabor y en energía, para aliviar sus heridas y dar fuerza a su organismo, capaz de dar llama para iluminar las noches..." Fue también, símbolo de paz, victoria y vida. Se consideraba como árbol de la fertilidad por lo que las mujeres dormían sobre sus hojas y bajo su sombra cuando querían engendrar. De madera de olivo se tallaban las estatuas de los dioses, los cetros de los reyes, los tabernáculos y los instrumentos de combate de los héroes.
Los griegos son los encargados de introducir el cultivo del olivo en Italia, donde se adaptó fácilmente. Así , desde el siglo VI a.C., se propaga por toda la cuenca del Mediterráneo, pasando a Trípoli y Túnez, a la isla de Sicilia y, desde allí, a la Italia meridional.

Se dice que pudo llegar a Italia en la época de Lucio Tarquinio Risco, rey legendario de Roma (616 a 578 a.C.), aunque hay quien piensa que llegó a Italia tres siglos antes de la caída de Troya.Ya en Italia, se extiende pronto por el norte, desde Calabria a Liguria.

DESDE LA ÉPOCA ROMANA HASTA EL DESCUBRIMIENTO:
Roma también participó de esas costumbres. La primera región que cultivo el olivo a gran escala fue Sicilia, haciéndose pronto famosos los olivares de Agrigento, procediendo de los griegos los sistemas de olivicultura empleados. Según la tradición, Rómulo y Remo, descendientes de dioses y fundadores de Roma, vieron la primera luz bajo las ramas de un olivo.
Entre los romanos, el "óleum" se consideraba más como un lujo que como un producto necesario para la vida y por ello inicialmente, no era distribuido al pueblo, creándose comercios clandestinos para adquirirlo, ya que se destinaba a los campesinos el aceite obtenido con los frutos de peor calidad, siendo por tanto este por lo general un aceite de alta graduación. Las castas altas atribuían al aceite el secreto de su belleza, y lo empleaban para el cuidado de su tez y sus cabellos.
Los límites de una propiedad se señalaban con olivos, En la Península Ibérica, se ha fechado la existencia del olivo desde tiempos prehistóricos, ya que se han encontrado huesos de aceituna en los yacimientos neolíticos de El Garcel. Durante la dominación romana, Hispania tenía ya un considerable número de olivos dando fruto. Con los impuestos procedentes de las posesiones y con el aceite que por este concepto recibía Roma, el cultivo del olivo tuvo una época de decadencia en el Imperio. La abundancia del aceite recibido vía impuestos fue tan elevada que, finalmente se abandonó la olivicultura. Desde el siglo II, Roma se vio obligada a importar aceite de España. Después de la tercera guerra púnica, el olivar ocupa una importante extensión en la Bética y se expandía hacia el centro y el litoral mediterráneo de la Península Ibérica.
El aceite procedente de Hispania gozaba de gran estima. Para fomentar las importantes transacciones de aceite que tenían lugar, los emperadores suprimieron todo tributo público a cuantos se dedicaron al comercio privado de aceite. El transporte del mismo estaba encomendado a los "navi oleari", quienes descargaban la mercancía en Ostia y desde allí era conducido a Roma.
El cultivo en España se vio notoriamente incrementado, especialmente en el valle del Guadalquivir, durante los ocho siglos de civilización hispano-árabe. Los árabes introdujeron sus variedades en el sur de España e influyeron en la difusión del cultivo hasta el punto de que los vocablos castellanos de aceituna, aceite o acebuche, tienen raíz árabe; por ejemplo, la palabra española "aceite" proviene del árabe "al-zait" que significa "jugo de aceituna". De tal manera fue apreciado por los musulmanes que el propio Corán lo alaba (en 24,35)
En la época de los Reyes Católicos, el "gazpacho" con aceite y vinagre constituía ya una parte básica de la dieta alimenticia de Extremadura y Andalucía. Con el Descubrimiento (1492), España llevó el olivo a América. De Sevilla parten los primeros olivos hacia las Antillas y después al continente. Se introdujo principalmente a lo largo de los siglos XVI y XVII en Perú, Chile, Argentina y México. Hoy en día puede encontrarse en California y en distintas partes de Sudamérica.

VIRGINIA CALA 4ºB!